Ya se está jugando la 13ra fecha del
torneo de Primera División de Chile y, ad portas del término de la primera
rueda, ya se pueden elaborar análisis o teorías sobre lo que está ocurriendo en
el campeonato. En esta oportunidad, la gran pregunta es cómo se puede entender
que Universidad de Concepción, Universidad de Chile y Antofagasta estén,
actualmente, en la parte baja de la tabla de posiciones. Mientras los
penquistas y los antofagastinos pelearon el título en gran parte del torneo del
año pasado, los azules arremetieron en la parte final de 2018 y también se
ilusionaron con levantar la copa. ¿Qué pasó con estos tres equipos?, ¿por qué
están luchando para salir de la zona de descenso?
Ratopado
En el fútbol, al igual que en la vida,
nada es seguro. Incluso aquello que parece muy sólido puede derrumbarse de un
momento a otro. Y esto último es, justamente, lo que está ocurriendo con
Universidad de Chile, Universidad de Concepción y Antofagasta. En el caso del
elenco santiaguino, tuvo un 2018 de dulce y agraz, pero, de la mano de Frank
Kudelka, tuvo una notable segunda rueda –fue el equipo que sumó más puntos- y
estuvo cerca de llegar con opciones de pelear el título en las últimas dos
fechas. En el caso de la Universidad de Concepción, tras cuatro fechas sin
ganar, agarró vuelo y de ahí en adelante peleó, mano a mano, con Universidad
Católica para ser el campeón chileno de la temporada 2018. A su vez,
Antofagasta tuvo un recorrido similar al del Campanil, pero en las últimas
jornadas, luego de la lesión de Eduard Bello, su principal figura, se desinfló.
Meses después, los tres equipos están en
la parte baja de la tabla de posiciones, con Universidad de Chile en la última
posición, Antofagasta en la 14ta ubicación y la Universidad de Concepción en el
13er lugar. La escuadra azul ha ganado apenas un partido –y suma nueve duelos sin triunfos-, tiene la peor defensa y no ha logrado consolidar una formación
titular. Los antofagastinos se anotan con una débil delantera (tercera peor del
campeonato), una magra defensa (la tercera más batida) y, por si fuese poco,
totalizan siete fechas sin celebrar (un empate y seis caídas). Por último, los
penquistas no arrastran tres traspiés consecutivos (y cuatro fechas sin ganar),
perdieron su invicto de local tras más de un año y tienen el indigno cetro
correspondiente a la peor ofensiva del campeonato (nueve goles en 12 partidos).
A través de un flashback, volvamos a la
temporada 2018. Universidad de Concepción terminó en el segundo lugar y tuvo la
segunda mejor delantera y defensa del certamen. Universidad de Chile se anotó
con la tercera posición en la tabla, fue el segundo mejor ataque y tuvo a la
quinta valla menos vencida. Antofagasta finalizó en el cuarto casillero, perdió
apenas cinco de 30 duelos, fue el equipo más goleador y, por si fuese poco,
registró la cuarta mejor defensa. Como se puede ver, los números de estos tres
equipos pasaron de un extremo a otro. Lo mismo aplica para su momento
futbolístico, que, obviamente, es preocupante.
Vayamos caso por caso. Lo de Universidad
de Chile tiene cierta lógica. El cuadro laico se desprendió de Yefferson
Soteldo, David Pizarro y Rafael Vaz, quienes terminaron siendo titulares
indiscutidos y, en cierta medida, figuras del equipo azul. Además, otros
jugadores como Felipe Seymour y Franciso Arancibia dejaron la institución,
mismo camino que, en distintos momentos corrieron, Mauricio Pinilla, Ángelo
Araos y Lorenzo Reyes. La conclusión es evidentes, es decir, el plantel se
despotenció, lo cual adquiere mayor fuerza al ver el presente de los refuerzos
que llegaron en 2019. En defensa, Sergio Vittor, Lucas Aveldaño y Diego
Carrasco han estado lejos del nivel de Rafael Vaz y ni siquiera se han acercado
a lo mostrado por jugadores resistidos como Christian Vilches, Alejandro
Contreras y Gonzalo Jara (quizás este último sea el único al cual han
superado). En el mediocampo, Pablo Parra mostró buen fútbol, pero fue borrado
por el actual entrenador, mientras que Jimmy Martínez no ha sido ni fú, ni fá,
mostrando poca personalidad y escasos momentos al nivel de lo mostrado en
Huachipato durante 2018. Lo de Nicolás Oroz también es preocupante, pues ha
tenido constantes problemas físicos y cuando jugó lo hizo en forma irregular.
En algunos partidos insinuó una consolidación, pero luego desapareció. Por
último, en ataque, la “U” se llenó de centrodelanteros (una decisión carente de
lógica), pero ninguno ha logrado destacar. Gabriel Torres casi no ha tenido
oportunidad como titular y, menos aún, en su posición, en tanto que Matías
Campos López tampoco ha mostrado mucho (incluso, se dice que no fue pedido por
Frank Kudelka). En resumen, el equipo laico perdió jerarquía.
La situación de Universidad de
Concepción puede ser explicada desde la perspectiva de su participación en la
Copa Libertadores. El cuadro penquista ha planteado partidos del torneo local
con alineaciones mixtas o con suplentes, lo cual le ha quitado ritmo en sus
partidos. Además, al tener un plantel “corto”, queda la impresión que sintió el
ritmo de jugar a nivel internacional y nacional. Lo esperable, entonces, es que
empiece a repuntar en el campeonato chileno, ya que mantiene la estructura del
año pasado y en Copa Libertadores evidenció falta de jerarquía en los momentos
claves, pero a pesar de eso dio pelea y estuvo lejos de ser el “queso” del
grupo. Será fundamental que Francisco Bozán se relaje –se le ha visto algo
alterado en los últimos partidos-, retome la buena senda y le pida a sus
jugadores más concentración, pues han tenido muchos errores que pueden ser
achacados a una mala disciplina táctica.
Finalmente, lo de Antofagasta es un
enigma. Perdió a Augusto Barrios y a un par de jugadores más, pero parecía que
los refuerzos estaban a la altura del desafío. Además, Eduard Bello se recuperó
de su lamentable lesión –que llegó en su mejor momento- y todo indicaba que el
elenco nortino nuevamente daría que hablar en el torneo local. Esto último se
vio reforzado por su campaña en la Copa Sudamericana, ya que más allá de quedar
eliminado en la primera ronda, fue capaz de jugarle de igual a igual –y en buen
nivel- a Fluminense. Sin embargo, nada de eso ocurrió, pues, luego de quedar
fuera del certamen continental, Antofagasta se hundió en una terrible crisis
futbolística. Errores infantiles, fallas en el finiquito y un mediocampo
incapaz de generar el mismo riesgo y la gran presión que ejercía en 2018 y los
primeros partidos de la presente temporada. Buenos centrales, interesantes
laterales y potentes delanteros, pero eso no ha sido suficiente para repuntar.
Y aunque Fernando Hurtado era el segundo o tercer arquero, su rendimiento ha
sido bueno y ha evitado un mayor descalabro. Entonces, ¿qué le pasa a
Antofagasta?, ¿será algo interno?, ¿el entrenador perdió la brújula?
Para terminar el presente análisis, es
evidente que los tres equipos en cuestión han mostrado grandes deficiencias en
su estructura general. En los tres casos se anotan graves fallas en asuntos
tácticos como pelotas detenidas, en las marcas y en el finiquito. Además, queda
la impresión que ha habido un terrible bajón psicológico. Esto último quizás no
sea una tendencia nueva, pues azules, penquistas y antofagastinos nunca
lograron aprovechar las caídas de Universidad Católica en 2018 y siempre
mostraron cierta fragilidad mental en los momentos claves que, eventualmente,
los podrían haber permitido ser campeones. Junto a lo anterior, los
entrenadores tampoco son los mismos. En Universidad de Chile el asunto es
literal, pues Alfredo Arias reemplazó al mencionado Kudelka, aunque mostrando
un peor rendimiento y un nivel de juego aún más bajo. Tratándose de Antofagasta
y Universidad de Concepción, Ameli y Bozán se ven ansiosos, alterados e,
incluso, angustiados. Esto ha llevado a que Arias (antes, Kudelka), Ameli y
Bozán hayan tomado malas decisiones en instantes importantes. Lo de Arias ya
llega a ser inaudito, con decisiones tan radicales como cortar jugadores o
devolver a la titularidad a jugadores que habían sido “cortados”.
En definitiva, Universidad de Chile,
Universidad de Concepción y Antofagasta muestran tendencias similares, pero
también situaciones específicas que permiten explicar (o al menos especular)
por qué han tenido campañas tan decepcionantes. En el caso de la “U”, cabe
agregar el caos institucional que ha imperado en los últimos años.
Es hora que los tres equipos repunten,
pues tienen plantel para estar mucho más arriba y a nadie se le olvida jugar
fútbol. ¿Será que los entrenadores deberán dar un paso al costado?, ¿habrá
situaciones internas desconocidas y que están afectando a los jugadores?, ¿seré
necesario trabajar la parte psicológica de los futbolistas más jóvenes?, ¿habrá
ansiedad? Es probable que haya un poco de todo, pero lo importante es que
despierten. La primera rueda ya casi termina y luego, tras algunos partidos, se
entrará a la fase final del certamen. Camarón que se duerme, se lo lleva la
corriente.

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