viernes, 17 de mayo de 2019

¿Qué pasa con la "U", la "U de Conce" y Antofagasta?


Ya se está jugando la 13ra fecha del torneo de Primera División de Chile y, ad portas del término de la primera rueda, ya se pueden elaborar análisis o teorías sobre lo que está ocurriendo en el campeonato. En esta oportunidad, la gran pregunta es cómo se puede entender que Universidad de Concepción, Universidad de Chile y Antofagasta estén, actualmente, en la parte baja de la tabla de posiciones. Mientras los penquistas y los antofagastinos pelearon el título en gran parte del torneo del año pasado, los azules arremetieron en la parte final de 2018 y también se ilusionaron con levantar la copa. ¿Qué pasó con estos tres equipos?, ¿por qué están luchando para salir de la zona de descenso?

Ratopado

En el fútbol, al igual que en la vida, nada es seguro. Incluso aquello que parece muy sólido puede derrumbarse de un momento a otro. Y esto último es, justamente, lo que está ocurriendo con Universidad de Chile, Universidad de Concepción y Antofagasta. En el caso del elenco santiaguino, tuvo un 2018 de dulce y agraz, pero, de la mano de Frank Kudelka, tuvo una notable segunda rueda –fue el equipo que sumó más puntos- y estuvo cerca de llegar con opciones de pelear el título en las últimas dos fechas. En el caso de la Universidad de Concepción, tras cuatro fechas sin ganar, agarró vuelo y de ahí en adelante peleó, mano a mano, con Universidad Católica para ser el campeón chileno de la temporada 2018. A su vez, Antofagasta tuvo un recorrido similar al del Campanil, pero en las últimas jornadas, luego de la lesión de Eduard Bello, su principal figura, se desinfló.

Meses después, los tres equipos están en la parte baja de la tabla de posiciones, con Universidad de Chile en la última posición, Antofagasta en la 14ta ubicación y la Universidad de Concepción en el 13er lugar. La escuadra azul ha ganado apenas un partido –y suma nueve duelos sin triunfos-, tiene la peor defensa y no ha logrado consolidar una formación titular. Los antofagastinos se anotan con una débil delantera (tercera peor del campeonato), una magra defensa (la tercera más batida) y, por si fuese poco, totalizan siete fechas sin celebrar (un empate y seis caídas). Por último, los penquistas no arrastran tres traspiés consecutivos (y cuatro fechas sin ganar), perdieron su invicto de local tras más de un año y tienen el indigno cetro correspondiente a la peor ofensiva del campeonato (nueve goles en 12 partidos).

A través de un flashback, volvamos a la temporada 2018. Universidad de Concepción terminó en el segundo lugar y tuvo la segunda mejor delantera y defensa del certamen. Universidad de Chile se anotó con la tercera posición en la tabla, fue el segundo mejor ataque y tuvo a la quinta valla menos vencida. Antofagasta finalizó en el cuarto casillero, perdió apenas cinco de 30 duelos, fue el equipo más goleador y, por si fuese poco, registró la cuarta mejor defensa. Como se puede ver, los números de estos tres equipos pasaron de un extremo a otro. Lo mismo aplica para su momento futbolístico, que, obviamente, es preocupante.

Vayamos caso por caso. Lo de Universidad de Chile tiene cierta lógica. El cuadro laico se desprendió de Yefferson Soteldo, David Pizarro y Rafael Vaz, quienes terminaron siendo titulares indiscutidos y, en cierta medida, figuras del equipo azul. Además, otros jugadores como Felipe Seymour y Franciso Arancibia dejaron la institución, mismo camino que, en distintos momentos corrieron, Mauricio Pinilla, Ángelo Araos y Lorenzo Reyes. La conclusión es evidentes, es decir, el plantel se despotenció, lo cual adquiere mayor fuerza al ver el presente de los refuerzos que llegaron en 2019. En defensa, Sergio Vittor, Lucas Aveldaño y Diego Carrasco han estado lejos del nivel de Rafael Vaz y ni siquiera se han acercado a lo mostrado por jugadores resistidos como Christian Vilches, Alejandro Contreras y Gonzalo Jara (quizás este último sea el único al cual han superado). En el mediocampo, Pablo Parra mostró buen fútbol, pero fue borrado por el actual entrenador, mientras que Jimmy Martínez no ha sido ni fú, ni fá, mostrando poca personalidad y escasos momentos al nivel de lo mostrado en Huachipato durante 2018. Lo de Nicolás Oroz también es preocupante, pues ha tenido constantes problemas físicos y cuando jugó lo hizo en forma irregular. En algunos partidos insinuó una consolidación, pero luego desapareció. Por último, en ataque, la “U” se llenó de centrodelanteros (una decisión carente de lógica), pero ninguno ha logrado destacar. Gabriel Torres casi no ha tenido oportunidad como titular y, menos aún, en su posición, en tanto que Matías Campos López tampoco ha mostrado mucho (incluso, se dice que no fue pedido por Frank Kudelka). En resumen, el equipo laico perdió jerarquía.

La situación de Universidad de Concepción puede ser explicada desde la perspectiva de su participación en la Copa Libertadores. El cuadro penquista ha planteado partidos del torneo local con alineaciones mixtas o con suplentes, lo cual le ha quitado ritmo en sus partidos. Además, al tener un plantel “corto”, queda la impresión que sintió el ritmo de jugar a nivel internacional y nacional. Lo esperable, entonces, es que empiece a repuntar en el campeonato chileno, ya que mantiene la estructura del año pasado y en Copa Libertadores evidenció falta de jerarquía en los momentos claves, pero a pesar de eso dio pelea y estuvo lejos de ser el “queso” del grupo. Será fundamental que Francisco Bozán se relaje –se le ha visto algo alterado en los últimos partidos-, retome la buena senda y le pida a sus jugadores más concentración, pues han tenido muchos errores que pueden ser achacados a una mala disciplina táctica.

Finalmente, lo de Antofagasta es un enigma. Perdió a Augusto Barrios y a un par de jugadores más, pero parecía que los refuerzos estaban a la altura del desafío. Además, Eduard Bello se recuperó de su lamentable lesión –que llegó en su mejor momento- y todo indicaba que el elenco nortino nuevamente daría que hablar en el torneo local. Esto último se vio reforzado por su campaña en la Copa Sudamericana, ya que más allá de quedar eliminado en la primera ronda, fue capaz de jugarle de igual a igual –y en buen nivel- a Fluminense. Sin embargo, nada de eso ocurrió, pues, luego de quedar fuera del certamen continental, Antofagasta se hundió en una terrible crisis futbolística. Errores infantiles, fallas en el finiquito y un mediocampo incapaz de generar el mismo riesgo y la gran presión que ejercía en 2018 y los primeros partidos de la presente temporada. Buenos centrales, interesantes laterales y potentes delanteros, pero eso no ha sido suficiente para repuntar. Y aunque Fernando Hurtado era el segundo o tercer arquero, su rendimiento ha sido bueno y ha evitado un mayor descalabro. Entonces, ¿qué le pasa a Antofagasta?, ¿será algo interno?, ¿el entrenador perdió la brújula?

Para terminar el presente análisis, es evidente que los tres equipos en cuestión han mostrado grandes deficiencias en su estructura general. En los tres casos se anotan graves fallas en asuntos tácticos como pelotas detenidas, en las marcas y en el finiquito. Además, queda la impresión que ha habido un terrible bajón psicológico. Esto último quizás no sea una tendencia nueva, pues azules, penquistas y antofagastinos nunca lograron aprovechar las caídas de Universidad Católica en 2018 y siempre mostraron cierta fragilidad mental en los momentos claves que, eventualmente, los podrían haber permitido ser campeones. Junto a lo anterior, los entrenadores tampoco son los mismos. En Universidad de Chile el asunto es literal, pues Alfredo Arias reemplazó al mencionado Kudelka, aunque mostrando un peor rendimiento y un nivel de juego aún más bajo. Tratándose de Antofagasta y Universidad de Concepción, Ameli y Bozán se ven ansiosos, alterados e, incluso, angustiados. Esto ha llevado a que Arias (antes, Kudelka), Ameli y Bozán hayan tomado malas decisiones en instantes importantes. Lo de Arias ya llega a ser inaudito, con decisiones tan radicales como cortar jugadores o devolver a la titularidad a jugadores que habían sido “cortados”.

En definitiva, Universidad de Chile, Universidad de Concepción y Antofagasta muestran tendencias similares, pero también situaciones específicas que permiten explicar (o al menos especular) por qué han tenido campañas tan decepcionantes. En el caso de la “U”, cabe agregar el caos institucional que ha imperado en los últimos años.

Es hora que los tres equipos repunten, pues tienen plantel para estar mucho más arriba y a nadie se le olvida jugar fútbol. ¿Será que los entrenadores deberán dar un paso al costado?, ¿habrá situaciones internas desconocidas y que están afectando a los jugadores?, ¿seré necesario trabajar la parte psicológica de los futbolistas más jóvenes?, ¿habrá ansiedad? Es probable que haya un poco de todo, pero lo importante es que despierten. La primera rueda ya casi termina y luego, tras algunos partidos, se entrará a la fase final del certamen. Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.



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