viernes, 19 de noviembre de 2010

La sucia justicia chilena y la pasividad del país

Ayer, con gran pena, pero sin mayor sorpresa, leí dos noticias que demuestran la realidad actual de Chile y ,particularmente, de su sistema judicial. La primera, anunciaba que se cerraba el caso de Fernanda Karadima, un ex párroco acusado de pedofilia, mientras que la segunda daba a conocer una nueva falta del diputado René Alinco, el cual pudo desafiar a la autoridad y, sin embargo, no recibir un lumazo.

Ambos ejemplos sirven para ilustrar la corrupción de la justicia chilena, pero, también, lo poderosos que son los políticos y la iglesia católica en Chile. Esto último no es una novedad, pero siempre es bueno recordarlo, para que la gente no olvide o, mejor dicho, no siga tapándose los ojos antes la triste y macabra realidad.

Si hace unos años se sacó al juez Calvo del caso Spiniak -para así evitar que personajes conocidos fuesen enuiciados- y si en diversas oportunidades los políticos han sobrepasado y violado las leyes, sin recibir pena alguna, ahora volvió a repetirse la tendencia.

Pero algo más preocupante que eso ha sido la actitud de la sociedad chilena, que es capaz de movilizarse para reclamar por la partida de Marcelo Bielsa, entrenador de la selección nacional de fútbol, pero que no logra tener ese mismo impulso a la hora de hacer valer sus derechos. Pasó con el Transantiago, ocurre con los abusos de los bancos y ahora se repite la película ante la corrupción del sistema judicial y social.

Por eso, más allá de lo putrefacta que es la justicia chilena y más allá de la patética clase política -que mantiene al país sin educación y salud gratuita y de nivel-, la gran pregunta del momento es otra.

¿Hasta cuándo seguirá callando la sociedad chilena?

No hay comentarios: