Hace poco más de un año murió mi anterior blog, que tanto amaba. Un tiempo después decidí inaugurar este blog, pero escribí apenas un par de reflexiones y lo dejé botado. Hasta hoy.
El asunto es que la nostalgia me obligó a retomar mis actividades "bloguísticas" y aquí estoy de vuelta. En esta ocasión, para comentar algo sobre la idiosincracia de las chilenas y los chilenos. Quienes me conocen saben que este es uno de mis temas favoritos.
Hace un tiempo me propusieron trabajar en un proyecto nuevo, se trata de una radio web dedicada al mundo árabe y musulmán. Mi respuesta fue positiva, ya que estos temas me interesan mucho y tuve confianza en el proyecto. Hasta ahí todo bien, pues mi gran responsabilidad era grabar un programa.
Luego, me pidieron que me encargara de contactar gente y para eso me ofrecieron un pago que era más bien simbólico, pero no por eso menos valorable. Obviamente lo acepté e hice mi trabajo de la mejor forma posible. Tuve que mandar muchos mails, hacer llamadas por teléfono y hasta ubicar gente por Facebook. Y así fue que comencé a conocer a los chilenos. Claro, porque si bien se trataba de personas con ascendencia palestina, siria, libanesa, jordana o de otras nacionalidades árabes, ellos eran chilenos. Sí, pues nacieron en Chile o, en caso contrario, no abrieron sus ojos por primera vez en este país, pero luego vivieron durante años o décadas en el territorio chileno.
Las respuestas no fueron muy variadas, ya que la mayoría de las personas dijo sentirse orgullosa de poder participar, que obviamente participaría y que no le interesaba la parte económica. Pues bien, han pasado algunas semanas y de todas las personas que contacté, sólo con dos he podido establecer algo serio. Con una de ellas, todo perfecto, ya que incluso estamos por grabar un programa. Aún más, he tenido la suerte que ella es muy agradable, apasionada por el tema y muy simpática. Se ve que tiene ganas de hacer cosas. Con la otra, una señora de cierta edad, todo bien, pues ha realizado propuestas.
Pero, lamentablemente, del resto no he vuelto a saber. Desaparecieron de la misma forma en la cual el día se convierte en noche o vice-versa, es decir, uno ni siquiera se da cuenta y de repente ya no están.
Y en eso estaba, pensando en la dura tarea que tenía por delante. Hasta que ayer me avisaron que por diversos motivos, ya no podrían seguir pagándome. Qué alivio, sí, vaya que sí. Claro, porque ya me estaba dando cuenta de la titánica tarea de contactar chilenas y chilenos para un proyecto. Y ya sabemos que acá en Chile te dicen cualquier cosa, pero lo único que no significa es que efectivamente cumplirán. Por eso, ahora me siento aliviado. Ya no tendré que hacer malabares para conseguir personas que realmente se comprometan, sino que me conformaré con grabar uno o, como mucho, dos programas. Y eso ya será de gran ayuda.
Mientras, pondré energías para que el proyecto resulte y seguiré ayudando en todo lo que pueda. Pero ya no seguiré contactando gente. Me aburre la falta de compromiso del chileno promedio y tampoco estoy para trabajar gratis por la vida. Ya hago hartos sacrificios y a mucha gente he ayudado, asi que ahora me toca cobrar por mi trabajo. Y páguenme lo que cuesta.
Hasta la próxima.
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