Escucho el canto y la melodía del ritmo africano. Empiezo a recordar momentos pasados. No muy agradables, pero importantes.
¿Qué será de ti?
Luego estaremos de cumpleaños. Tú, llegarás al primer año. En mi caso, pasaré la barrera de los treinta y llegaré a 31.
No me conoces, pero yo sí te he visto. En una foto, aunque en forma clandestina. Que la desgraciada no lo sepa, porque si llegara a darse cuenta, quizás nos haría la vida aún más difícil. Lo que hace no tiene nombre y ella lo sabe.
Pero igual estamos en contacto. Lo sabes, lo sé. Lo sabemos.
No tenemos idea de cuándo nos miraremos los ojos. Sabemos que puede ser en mucho tiempo, pero eso no nos inhabilita para esperarnos.
Tranquilidad, no debes preocuparte. Yo no te olvido, por más que siga adelante con mi vida. La sangre no se puede eliminar. Los genes, tampoco. Y el sentimiento, aún menos.
Y ya estamos en ese sendero. Cada cual en su peregrinar, pero con destino obligado hacia aquel despunte. Ahí veo el viento, libre, sereno y pacífico. Ese viento que nos juntará.
¿Lo sientes?
Yo sí. Todos los días.
Y así, una y otra vez, escucho esta canción.
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