miércoles, 18 de julio de 2018

Francia campeón y una obligada reflexión


Hace unos días terminó el Mundial de Rusia 2018, en el cual Francia se quedó con el anhelado cetro de campeón. En la final, doblegó a Croacia -un excelente equipo, sumamente aguerrido-, pero, apenas unos minutos terminado el partido, comenzó la gran discusión o, si se prefiere, el gran debate.

La realidad muestra que 15 de los 23 jugadores FRANCESES (con mayúscula, pues tienen la nacionalidad francesa) tienen raíces africanas. Y no se trata de jugadores con un pariente lejano y perdido, sino que con mamá, papá o abuelos africanos. Dicha situación significa, para muchos, que 15 seleccionados franceses en realidad no representan a Francia, sino que a una rara "Selección Africana de Francia". Para otros, los 15 "franceses de origen africano" simplemente son franceses, pues viven en Francia y tienen la nacionalidad de dicho país. Al respecto, cabe realizar algunas observaciones.

Primero, todos los seleccionados de Francia son franceses, pues, de otra forma, no habrían podido jugar por el equipo francés. Segundo, la mayoría de ellos son de origen africano y, en algunos casos, son musulmanes. Tercero, lo anterior no significa que dejan de ser franceses. Cuarto, la selección francesa representa la actual realidad social de Francia, es decir, un país intercultural y con muchas mezclas raciales y religiosas.  Quinto y último, mientras muchos franceses están felices con esta realidad, unos cuantos (al menos un 30% de la población francesa, según estimaciones diversas) sufren con esta mezcla cultural.

Considero que el debate sobre cuán franceses son los jugadores no tiene mucha lógica. Hace tiempo que Francia dejó de ser un club "judeo-cristiano blanco", cosa que también ha ocurrido con otros países europeos, como Inglaterra, Bélgica, Holanda y Alemania, por dar algunos ejemplos. También, creo que mencionar el origen de los jugadores no es un acto de racismo, pues tiene como objetivo dejar en claro que la integración en deportes no es la misma, aparentemente, que en otros ámbitos. Además, porque, actualmente, la Unión Europea le está cerrando la puerta a miles de inmigrantes y refugiados que desean entrar a alguno de los países del bloque de integración europeo. Es en este punto donde se debiese centrar la discusión, pues aquí sí hay un elemento de análisis ajustado a lo que ocurre hoy.

Jugadores como Mbappé, Kanté, Pogba o Matuidi, por mencionar a algunos, pudieron jugar por Francia porque sus familiares pudieron emigrar y vivir en territorio francés. Por ende, ellos crecieron, fueron al colegio y desarrollaron sus carreras como futbolistas en Francia. Imaginemos cuántos de los actuales inmigrantes o refugiados rechazados por la Unión Europea tienen condiciones para ser futbolistas. Seguramente, hay varios, pero, a diferencia de Mbappé, Kanté, Pogba o Matuidi, no podrán jugar por Francia. Simplemente, porque la Unión Europea no solo les cierra la puerta en sus narices, sino que, peor aún, porque los deja morir ahogados en sus costas.

Y es aquí donde el debate parece bastante lógico. Mientras Francia celebra una copa obtenida con una buena base de franceses hijos o nietos de inmigrantes, muchos otros refugiados e inmigrantes mueren en el Mediterráneo. Entonces, ¿no es chocante ver eso?, ¿no se presta para debate el tema de fondo?

Francia ha sido un país multicultural por décadas y eso le ha significado tener una grandeza de la cual muchos se sienten orgullosos. Sin embargo, cerrarle la puerta a inmigrantes y refugiados -dejándolos morir o ser torturados o vendidos como esclavos- es, en cierta medida, una forma de olvidar ese pasado de mezcla cultural que les permitió crecer como país y, claramente, como nación.

Nunca hay que olvidar el pasado que permitió gozar de un glorioso presente. En caso de hacerlo, el glorioso presente puede convertirse en un tortuoso futuro. 

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